17/08/2026

Qué hacer ante una crisis epiléptica: primeros auxilios paso a paso

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Una persona se desploma en mitad de la calle, empieza a convulsionar y a su alrededor se forma un corro de gente que mira sin saber qué hacer. Casi siempre ocurre lo mismo: alguien intenta sujetarla con fuerza, otro busca algo para meterle en la boca y un tercero le echa agua en la cara. Los tres gestos están mal. Saber qué hacer ante una crisis epiléptica no exige ser sanitario ni haber hecho un curso: exige tener claros cuatro movimientos sencillos y, sobre todo, saber cuáles no hay que hacer nunca.

a group of people with a person on the ground

Si convives con epilepsia, si cuidas a alguien que la tiene o si simplemente quieres estar preparado, esta guía te da el protocolo completo. Aproximadamente 1 de cada 100 personas vive con esta enfermedad, así que la probabilidad de presenciar una crisis a lo largo de tu vida es mucho más alta de lo que imaginas.

Qué está pasando realmente durante una crisis

Una crisis epiléptica es una descarga eléctrica anómala y sincronizada de un grupo de neuronas. Durante esos segundos, la persona no controla su cuerpo, no se está ahogando con la lengua y no está sufriendo dolor, aunque la escena resulte muy impactante para quien mira. Si quieres entender mejor el origen y los tipos de crisis, tienes una explicación detallada en nuestra página sobre qué es la epilepsia y por qué se producen las crisis.

La mayoría de las crisis convulsivas se detienen solas en menos de dos o tres minutos. Ese dato es clave, porque tu papel no es pararla (no se puede), sino evitar que la persona se haga daño mientras ocurre y acompañarla cuando termine.

Cómo actuar ante una convulsión: los pasos que sí funcionan

Durante la crisis

  • Mira el reloj. Es lo primero y lo que más se olvida. Cronometrar la crisis es la información más valiosa que vas a poder dar al 112 y al neurólogo después.
  • Retira el peligro, no a la persona. Aparta sillas, mesas, objetos duros o cristales. Solo hay que mover a alguien en plena convulsión si está en un sitio realmente peligroso, como una carretera, unas escaleras o el agua.
  • Protege la cabeza. Coloca debajo una chaqueta doblada, un cojín o tus propias manos. Los golpes craneales son la lesión más frecuente en estas situaciones.
  • Afloja lo que apriete el cuello. Corbata, bufanda, camisa abrochada, cordón de las gafas.
  • Quédate a su lado y habla con calma. Aunque parezca que no te oye, muchas personas conservan cierta percepción del entorno durante y justo después de la crisis.
  • Aparta a los curiosos. Despertar rodeado de veinte móviles grabando es una de las experiencias más humillantes que describen los pacientes.

Cuando la crisis termina: la fase postcrítica

En cuanto cesan las sacudidas, gira a la persona de lado (posición lateral de seguridad). Así, la saliva o un posible vómito salen por la boca y no van a la vía aérea. Es probable que encuentres respiración ruidosa, salivación abundante, la cara amoratada durante unos segundos o pérdida del control de esfínteres. Todo ello es normal y se resuelve solo.

Después llega la parte que casi nadie explica: la fase postcrítica. La persona puede estar confusa, somnolienta, irritable o incapaz de hablar bien durante de quince minutos a más de una hora. No la bombardees a preguntas, no le des agua, comida ni pastillas hasta que esté completamente despierta y orientada, y no permitas que se levante de golpe o se marche sola. Quédate hasta que recupere el hilo.

Lo que no debes hacer nunca

  • Meterle algo en la boca. Ni dedos, ni cucharas, ni carteras, ni pañuelos. La lengua no se traga: es anatómicamente imposible. Lo que sí ocurre con este mito son dientes rotos, mandíbulas dislocadas y dedos mordidos.
  • Sujetarla o inmovilizarla. Aguantar los brazos y las piernas no acorta la crisis ni un segundo y provoca luxaciones, tirones y fracturas.
  • Practicar reanimación durante la convulsión. No hace falta, porque la persona sigue respirando aunque lo haga de forma irregular.
  • Echar agua, dar alcohol o intentar reanimarla a base de golpes en la cara. No sirve para nada y puede provocar un atragantamiento.
  • Administrar su medicación por vía oral en plena crisis. Solo se usa la medicación de rescate que haya indicado su neurólogo (normalmente bucal o rectal) y siguiendo exactamente sus instrucciones.

Cuándo hay que llamar al 112

No toda crisis es una urgencia. Muchas personas con epilepsia conocida tienen crisis previstas dentro de su cuadro habitual y se recuperan en casa sin necesidad de acudir a un hospital. Ahora bien, llama al 112 sin dudarlo si se da alguna de estas circunstancias:

  • La convulsión dura más de 5 minutos o no sabes cuándo empezó. Es el criterio de alarma de un posible estado epiléptico, una situación que sí requiere tratamiento urgente.
  • Se encadenan varias crisis seguidas sin que la persona recupere la conciencia entre ellas.
  • Es la primera crisis de esa persona o no sabes si tiene epilepsia diagnosticada.
  • Ha ocurrido dentro del agua, o hay un golpe fuerte en la cabeza, una herida importante o sospecha de fractura.
  • Tras la crisis respira con dificultad, no recupera la conciencia en un tiempo razonable o sigue muy desorientada pasada una hora.
  • La persona está embarazada o tiene diabetes u otra enfermedad grave asociada.

Cuando llames, di tres cosas concretas: que es una crisis epiléptica, cuánto ha durado y si la persona respira. Esa información ahorra minutos de teléfono.

No todas las crisis son convulsiones

Hay crisis focales en las que la persona se queda con la mirada fija, hace movimientos repetitivos con las manos o la boca, habla sin sentido o deambula desorientada. Aquí no hay nada que sujetar ni que colocar: guíala con suavidad lejos de escaleras, tráfico o fuego, no la agarres del brazo y espera. Intentar detenerla por la fuerza puede desencadenar una reacción defensiva que la persona ni siquiera recordará después.

Distinguir bien un tipo de crisis de otro es también lo que permite afinar el diagnóstico. Por eso el neurólogo se apoya en las principales pruebas diagnósticas, como el electroencefalograma o la resonancia, y en la descripción que hacen los testigos. Tu relato vale tanto como una prueba.

Si ocurre en el colegio o en el trabajo

Cuando hay un niño o un adulto con epilepsia conocida en un entorno cerrado, lo que marca la diferencia es tener un plan escrito de actuación pegado en un sitio visible: tipo de crisis habituales, duración normal, medicación de rescate si la hay, teléfonos de contacto y criterio para llamar al 112. Un folio bien hecho evita ambulancias innecesarias y, al mismo tiempo, evita retrasos cuando sí hacen falta.

Después de la crisis: apunta lo que has visto

En cuanto pase el susto, escribe en el móvil: hora de inicio, duración, cómo empezó (¿un lado del cuerpo?, ¿un aviso previo?), si hubo pérdida de conciencia, cuánto tardó en recuperarse y qué había pasado antes (falta de sueño, olvido de una dosis, fiebre, alcohol, estrés). Ese diario es oro para ajustar el tratamiento y para identificar los desencadenantes que se explican en nuestra guía de hábitos, prevención diaria y control de los factores que disparan las crisis.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que hasta el 70 % de las personas con epilepsia podrían vivir sin crisis con un diagnóstico y un tratamiento adecuados. El desconocimiento del entorno, en cambio, sigue siendo una de las principales fuentes de estigma.

Perder el miedo es la mejor forma de ayudar

Quien ha vivido una crisis desde dentro sabe que lo peor no suele ser la convulsión, sino despertar y encontrarse con miradas de pánico. Leo lleva más de veinte años conviviendo con la epilepsia y lo cuenta sin filtros en Relámpagos en el Cerebro, su testimonio sobre la epilepsia: la diferencia entre una situación traumática y una situación manejable casi siempre está en si la persona que tienes al lado sabe qué hacer.

Repasa los pasos, guárdalos en el móvil y compártelos con quien convive contigo. Y si te quedan dudas sobre cómo actuar en tu caso concreto, sobre la medicación de rescate o sobre cómo preparar un plan para el colegio o el trabajo, escríbenos y te acompañamos. No estás solo en este proceso.

Esta información es divulgativa y no sustituye la valoración de tu neurólogo ni la atención de los servicios de emergencia.

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